domingo, 3 de marzo de 2013

El verano llego y las niñas y niños a refrescarse








Cualquier persona puede acusar los efectos del sol o del calor, pero algunos casos concretos están más expuestos, y entre ellos los niños menores de 6 años y los recién nacidos, muy propensos a las alteraciones de temperatura.
Cuando una exposición excesiva y continuada al calor o al sol no es bien tolerada por una persona y le provoca un shock, hablamos de “golpe de calor”. Se pueden alterar las funciones metabólicas, el corazón o los pulmones que provocan importantes problemas de salud, sobre todo, como decimos, en aquellas personas más vulnerables.
Pero podemos prevenir un golpe de calor siguiendo estos consejos que se aplican a todos los que quieren atenuar las consecuencias de las elevadas temperaturas. En general, se trata de medidas que favorezcan los mecanismos de enfriamiento del cuerpo y aseguren un adecuado estado de hidratación.
Reposo: evitar que los niños hagan ejercicio físico cuando haga más calor, en las horas centrales del día. Si se sale con los pequeños, habrá que descansar a la sombra o en lugares frescos y ventilados.
Ropa: Se recomienda vestir indumentaria ligera, amplia, a ser posible de algodón, que transpire, y de colores claros, que absorben menos el calor.
Al aire libre, protección: la cabeza debe llevarse protegida con algún gorrito que permita transpirar. En la playa o campo, hay que intentar evitar el centro del día, de 11 a 17 horas aproximadamente, y descansar bajo la sombrilla, además de proteger la piel con una crema solar. Unas gafas de sol también protegerán los ojos de los pequeños.
En casa: es aconsejable cerrar las ventajas y echar las cortinas en las fachadas expuestas al sol. Hay que mantener las ventanas cerradas mientras la temperatura exterior sea superior a la interior. Es conveniente abrirlas de noche, cuando refresca, para ventilar la casa. Intentar permanecer en las estancias más frescas, sobre todo en las horas centrales del día.
Refrescarse: ducharse o bañarse con agua fresca, mojarse cara y manos, ponerse ante un ventilador o poner el aire acondicionado a una temperatura agradable…
Alimentación: para hidratarnos, comer mucha fruta, verduras y hortalizas frescas y cocidas. Hay que anticiparse a la sensación de sed y ofrecer a los pequeños con frecuencia abundantes líquidos (lo más sano, agua y zumos naturales). El sudor excesivo hace que perdamos más líquido del habitual, así que tedremos que beber más.
En los bebés recién nacidos, el sudor no es tan visible porque digamos que “su termostato”, el sistema de regulación de su temperatura, aún es inmaduro, así que habremos de llevar especial cuidado en que estén bien hidratados.
Siguiendo estos consejos, los más pequeños y nosotros disfrutaremos del verano sin sustos.