domingo, 28 de julio de 2013

¿Cómo tejer guantes mitones para principiantes?



 

Material a utilizar:

- 100 gr de lana semigorda con acrílico color amarillo o el color que usted guste
- Agujas Nº 4 1/2 o del número necesario para obtener la muestra
- 2 Botones preferentemente que sean de madera
- Tijera
- Centímetro
- Aguja de cocer lana

Muestra:

En la muestra 10 cm. Debería ser igual a 16 puntos en punto santa clara con agujas Nº 4 ½. Si la muestra que acabas de realizar, no tiene estos valores, deberás realizar una regla de tres, explicada en la siguiente nota (Cómo empezar a tejer con dos agujas)

Punto santa clara:

Este punto es un punto básico, y es uno de los más utilizados por el tejido en 2 agujas. Para realizar este punto se deberá tejer todas las hileras al derecho.

Cerrar puntos:

Aquí te explico paso a paso como hacerlo. Tejer 2 puntos al derecho, levantar con la aguja izquierda, el primer punto tejido de la aguja derecha y pasarlo sobre el segundo punto tejido (siempre deberá quedar 1 punto en la aguja derecha).
Tejer el siguiente punto a continuación al derecho para que haya de nuevo 2 puntos en la aguja derecha. Pasar el primer punto de la aguja derecha sobre el punto recién tejido (deberá quedar de nuevo 1 punto en la aguja derecha).

Repetir la secuencia hasta que el último punto quede en la aguja derecha, por ultimo cortar la hebra y pasar por dentro del último punto que quedo en la aguja derecha y ajustar.
Si quieres una explicación más clara aun, dirígete al artículo “como tejer una camiseta, gorro y escarpines para principiantes” y podrás ver que esta explicado con fotos.

Comencemos la labor:

Montar 38 puntos, sin ajustar en agujas Nº 4 ½, tejer en punto santa clara, hasta llegara a 24 cm de largo, a continuación cerrar todos los puntos sin ajustar. Hacer otra pieza de la misma forma, para completar el par.

Terminación:

Doblar cada una de las piezas por la mitad haciendo coincidir los bordes del comienzo y también los del final a continuación cocer 4 cm, dejar 5 cm de abertura, para el dedo pulgar y cocer los 15 cm restantes, teniendo muy encuentra que hay que invertir la costura en los últimos 5 cm para dar vuelta el puño y así darle una buena terminación. Sobre el doblez deberás cocer los botones de madera
Nota: El éxito de tu labor dependerá de la terminación, procura poner el botón de la mejor forma posible, ya que los detalles hacen que una prenda se vea fina o no, así mismo deja prolijas las hebras restantes.
Autor: Chrystal Tudela
Fuente: http://www.ycomo.com/como-tejer-guantes-mitones-principiantes.html

martes, 23 de julio de 2013

lunes, 22 de julio de 2013

sábado, 13 de julio de 2013

Intercambio de bolsos veraniegos. ¡Misión cumplida!

¡Fiufff! Por fin ha llegado a su destino el bolso que he preparado con mucho cariño para Celeste, ya me ha confirmado de recibido y bueno fué un porceso lindo de crear el bolso veraniego que cada año nuestra cariñosa y bien administrada Toñi realiza desde su blog "www.micalconcito.bogspot.com", gracias querdias por su dedicación y su empeño.
Aquí les comparto el bolso recibido de parte de Shirley, Gracias por tus bellos detalles y les comparto el procesos de la creación del bolso, aver que les parece.















Y este es el bolso que recibi, gracias por tan bonito trabajo.









martes, 9 de julio de 2013

Detalles para tu casa, el crochet nunca pasa de moda y al contrario le da el toque de hogar.

La palabra hogar se usa para designar a un lugar donde un individuo o grupo habita, creando en ellos la sensación de seguridad y calma. En esta sensación se diferencia del concepto de casa, que sencillamente se refiere a la vivienda física. La palabra hogar proviene del lugar en el que se reunía, en el pasado, la familia a encender el fuego para calentarse y alimentarse. Se aplica también a todas aquellas instituciones residenciales que buscan crear un ambiente hogareño, por ejemplo: hogares de retiros, hogares de crianza, etc.
Fuente: www.wikipedia.org





Cuento "La abuela tejedora". A tejer puntadas fáciles.

La abuela tejedora

Ahora la comprendo. Recién ahora que vivo de recuerdos y no de proyectos. Jamás entendí a mi abuela, pero ahora que tengo casi su edad, comprendo todo perfectamente.
Siempre viene a mi memoria la imagen de mi abuela tejiendo. Tejía todo el día, sentada en su sillón maltrecho, pero preferido. Me llamaba la atención que tejía sin mirar, como de memoria, como si la vista no fuese un sentido necesario para realizar esa labor. Su mirada se perdía en horizontes, presumo, lejanos y ya inexistentes.
Tejía y tejía y yo me preguntaba para qué, pero sobre todo para quién. Nadie usaba sus bufandas, sacos y mañanitas, pero los ella seguía tejiendo. Lo más extraño es que tejía a sabiendas que esas prendas no tendrían uso alguno.
Era interesante observarla. El movimiento de sus manos, la cadencia de las agujas que suavemente subían, bajaban y se metían en de la trama de la prenda, como quien entra a un lugar que le es amigable, familiar.
El tejido de turno, reposaba siempre en su regazo, lánguido, adormilado. Ella no lo mirada, jamás controlaba si algún punto se había zafado o si se le había enredado el ovillo de lana.
Parecía que tejer la transportaba a otro mundo donde ni siquiera el propio tejido era parte. ¿Para qué y para quién tejía? Me cuestioné una y otra vez durante toda mi infancia y hasta que ella murió.
No es que no se lo haya preguntado, sino que jamás comprendí sus respuestas. Cada vez que se lo preguntaba, la respuesta era diferente al anterior.
– ¿Para qué tejes abuela?
– Por si refresca – Contestaba sin mirarme siquiera.
– ¡Pero, es verano abuela!
– Nunca se sabe hija, hay que estar preparada.
– ¿Para quién tejes abuela?
– Pregunté en cierta ocasión.
– María tendrá un bebé – Respondió distraída.
– María es apenas una niña, tiene tan sólo diez años
– Ya crecerá – Contestó muy segura.
– ¿A quién le tejes esa bufanda?
– Al tío Alfredo – Dijo sonriente
– Abuela, el tío Alfredo murió hace un año.
– Me la pidió antes de morir.
Todas sus respuestas eran confusas y atemporales. Un día, decidí no preguntar más. Me desconcertaba ese tejido eterno de sus días y alguna que otra noche.
Las agujas parecían una extensión de sus manos y el tejido, otra parte de su cuerpo. Le dolían las manos, se le notaba en el rostro. A veces dejaba de tejer tan sólo un momento, las acariciaba y como presa de un mandato interno volvía a tejer enseguida, como si algo la obligase a estar permanentemente tejiendo.
¿Por qué tejes abuela si te duelen las manos? – Le pregunté más de una vez.
La respuesta era siempre la misma.
– Si no tejo, me dolerá el corazón. Tampoco entendí esa respuesta ¿Qué tenía que ver el corazón con el tejido? Sin dudas, mi abuela era un ser inabarcable para mi.
Cuando se es un niño o un joven, las personas tendemos a ser presumidamente seguros, estúpidamente petulantes. Creemos que la niñez o juventud es una especie de documento habilitante para emitir opiniones, afirmar sin saber, sentenciar sin haber analizado.
Ahora me doy cuenta que eso fue lo que hice con mi abuela. Crecí con la imagen de esa mujer tejiendo “en vano”. La despedí con la tristeza de sentir que ella había perdido su tiempo. Recuerdo que una vez le pregunté a mi madre si la abuela había tenido siempre la costumbre de tejer.
– No pobre, jamás pudo – Dijo mi madre un poco triste y continuó.
– Siempre estuvo muy ocupada criando a sus hijos, ocupándose de la casa, cocinando, ayudándonos con la tarea. Vivió para los demás realmente. Desconcertada le dije:
– Entonces ¿Por qué no descansa ahora que ya no debe ocuparse de nadie? ¿Por qué se empecina en estar ocupada todo el tiempo tejiendo para nadie, en vez de aprovechar su tiempo libre y descansar?
Mi madre no me contestó.
El tiempo pasó para mi abuela, para mi madre y está por pasar para mi también. Recién ahora que estoy tan cerca de ser un recuerdo, comprendo perfectamente para qué y para quién tejía mi abuela. Lamento no haberlo hecho antes.
Tejía para sí, no para otros. Las bufandas, gorros y guantes eran una excusa para no sentirse vacía, inútil. Ahora entiendo ese mandato interior, yo lo escucho también.
Es muy difícil para alguien que vivió cuidando de otros, sentir que no se es necesaria. Cuando los años pasan y se acaban las tareas, las esperas, los cuidados, algo de nosotras se esfuma con el calendario. Cuando los hijos crecen y parten, se llevan mucho –demasiado- de nosotras.
Dicen que así es la vida, y así ha de ser, pero es difícil -no de entender- sino de transitar. Siento pena por mi abuela, siento tristeza por no haberla comprendido, pero claro, no era mi tiempo de entender ciertas cosas.
Ahora la recuerdo de otra manera, la comprendo desde lo más profundo de mi ser. Levanto la mirada como para verla en algún lugar y luego la bajo y se pierde en el tejido que reposa en mi regazo.
Fin

lunes, 8 de julio de 2013

Puntadas para tejer a ganchillo o crochet, ¡te quedarán geniales!

El ganchillo, croché (galicismo de crochet) o tejido de gancho, es una técnica para tejer labores con hilo o lana que utiliza una aguja corta y específica, «el ganchillo» o «aguja de croché» de metal, plástico o madera.
A lo largo de todo el mundo el ganchillo se convirtió en una próspera industria casera, en especial en Irlanda y el norte de Francia, sosteniendo comunidades cuyo modo de vida tradicional había sido dañado por las guerras, fluctuaciones en la agricultura y el uso de la tierra y las malas cosechas. Las mujeres, e incluso a veces los niños, se quedaban en casa y tejían ropa, mantas, etc. para conseguir dinero. Los artículos eran comprados principalmente por la emergente clase media.

La introducción del ganchillo como imitación de un símbolo de prestigio, más que una artesanía única por sí misma, había estigmatizado la práctica corriente. Aquellos que podían permitirse el lujo de encajes elaborados por métodos más caros y antiguos desdeñaban el ganchillo como una copia barata. Esta impronta fue en parte mitigada por la reina Victoria, quien de forma abierta compraba encajes de ganchillo artesanales de Irlanda e incluso aprendió ella misma a tejer. Se considera que la inventora del crochet irlandés fue mademoiselle Riego de la Branchardière alrededor de 18423 quien publicó patrones e instrucciones para reproducir encaje de bolillos y filtiré con esta técnica, junto con muchas publicaciones para elaborar ropa tejida a ganchilllo en lana. Los patrones disponibles ya en la década de 1840 eran variados y complejos.
Fuente: www.wikipedia.org